LA EDUCACIÓN, EN NUESTRAS NUEVAS FRONTERAS 04/11/2010
La educación ha sido una constante en las preocupaciones del quehacer humano. Nuestros pueblos indígenas, antes de la llegada de los españoles, preparaban a sus jóvenes en distintas instituciones: Los cuicacalli eran las casas que enseñaban la historia y memoria del pueblo y los antepasados que, a través de cantos e himnos, por repetición y ritmo quedaban grabados en la mente y el corazón de los alumnos. En sus instalaciones se cultivaban también las artes, la reflexión filosófica y en general todo aquello que hoy englobamos como las Humanidades. Los calmecac, por el contrario, eran centros que buscaban encontrar las constantes que rigen nuestro mundo a través del estudio de las ciencias: desde el movimiento cíclico de los astros hasta las maneras en que guardando el equilibrio con la naturaleza habrían de administrarse todos y cada uno de los recursos del pueblo. Aquí era educada la futura clase gobernante. Con la Conquista, la escuela se convirtió en la institución que alfabetizaba y preparaba a sus jóvenes, no solo en su formación humana, sino también en la religiosa. El modelo europeo del trivium y el cuadrivium que dividía en siete a las artes liberales: gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música, fue la base para este modelo de educación y, junto con la constante evangelizadora, conformó una estructura que funcionó por más de tres siglos. Los movimientos de Independencia y la Revolución Mexicana reformaron paulatinamente estos modelos, preocupaciones como la unidad y la identidad nacional cincelaron estas reformas y el combate al fanatismo religioso y la búsqueda de la igualdad dejaron también su impronta en la manera en que nos educamos. Sólo hasta mediados del siglo XX comenzó a delinearse la consigna de que la educación debe estar al alcance de todos, sin distinción de género o posición social. Sin desdén del modelo educativo que el Estado elige para educar a su población, la educación, finalmente, aspira a preparar al hombre para vivir en plenitud. Además de ser un instrumento que estructura la manera en que los bienes y valores que posee una sociedad se protegerán, conservarán y incrementarán, la educación fortalece nuestra identidad y nuestra conciencia respecto al lugar que ocupamos en el mundo, individual y colectivamente. Nuestras infinitas capacidades humanas y espirituales ensanchan su horizonte a través de la educación y por ella nos volvemos conscientes de nuestra dignidad como personas, toleramos y respetamos nuestras diferencias y configuramos nuestra libertad y nuestros valores a través de ella. En nuestra situación de inmigrantes y a pesar de que nuestros distintos procesos van encontrando un cauce que nos permite adaptarnos a nuestra nueva realidad, la educación en nuestro idioma siempre será una vuelta a nuestras raíces, una reflexión con respecto a lo adquirido en el pasado y nuestras propias condiciones del presente, una fuente de propuestas y diálogo con otros modelos de pensamiento que al final del día enriquecen nuestro bagaje, nos sitúa en el mundo y tras intensos debates en lo íntimo de nuestro ser, nos hacen más fuertes para enfrentar la adversidad y salir avante, fortalecidos. Es el deseo del área de Educación de Mexicanos en el Oeste de Canadá ofrecer una alternativa sólida, perdurable, de educación en idioma español, que fortalezca el espíritu y el pensamiento de la comunidad mexicana y en esta primera entrega, con la lectura de cada entrega, sea también remanso y refugio en la interminable aventura de vivir. Comments Your comment will be posted after it is approved. Leave a Reply |