Iniciando Biblioteca en Español 05/07/2010
La lectura de un libro puede cambiarle la vida a una persona. Y si el encantamiento se extiende, el poder transformador alcanza comunidades enteras. A. Malvido, Los Libros, La Vida[1] Periódico Milenio Así, repasando un maravilloso artículo aparecido en un periódico mexicano, inicio ésta, nuestra segunda entrada del blog de Educación. Ya les había comentado que mientras los planes del CCA se encuentran caminando a niveles fuera de nuestro profano alcance, buscamos ahora cristalizar otro de nuestros proyectos: reunir un acervo de libros en español para disfrute de nuestra comunidad hispanoparlante. En este artículo se recuperan algunos de los múltiples empeños de lectores ávidos que un buen día decidieron que su pasión por la lectura, y su profundo hechizo, tenían que ser compartidos con cuanta más gente pudiera lograrse. El recuento incluye cómo un tuareg inspirado por El Principito, fundó la Escuela del Desierto, en Mali, para a través de su biblioteca transformar el desierto que cada uno lleva dentro; el vendedor de aguas frescas en Colombia que convirtió su carrito también en una biblioteca ambulante que distribuye libros y refresca con ellos la rutina colombiana, hasta la red de Bibliomulas que recorren los Andes venezolanos llevando y trayendo textos hasta los rincones más apartados. Nuestro proyecto, como estos, esta impulsado por este afán de recuperarnos a nosotros mismos a través de la lectura en nuestro idioma. Es una invitación a que cada uno donemos por lo menos un libro en español que poco a poco se convierta en pila o montaña y encuentre su destino final en la futura biblioteca de nuestra planeada Casa de México. Casi al tiempo en que me invitaron a participar en el IME, yo terminaba la lectura de un autor[2] que, en su amor por el yiddish, había rescatado textos que después conformaron una inmensa biblioteca que hoy alberga la mayor parte de los libros que en ese idioma se han escrito en el último siglo. Su aventura inició alimentada por impedir que los vestigios escritos en la lengua hablada por las comunidades judías del centro de Europa, poesía, novela, teatro, acabaran olvidados, enmohecidos, destruidos en alguna oscura bodega una vez que sus lectores, inmigrantes nacidos a principios del siglo XX, fueran muriendo y con ellos, su idioma y aquellas vibraciones que convirtieron en palabras anhelos, frustraciones, esperanzas, miedos y alegrías. Los libros que a mí me han acompañado en trances tan difíciles como dejar mi país natal son muchos: La Muerte de Artemio Cruz me expulsó del vientre materno mexicano a mi nueva realidad canadiense: Tú estarás allí, en las primeras cimas del monte que a tus espaldas ganará en altura y respiración. Te detendrás en la primera plataforma de la roca, perdido en la incomprensión agitada de lo que ha sucedido, del fin de una vida que en secreto creíste eterna. Liberado de la fatalidad de un sitio y un nacimiento, esclavizado a otro destino, el nuevo, el desconocido, el que se cierne detrás de la sierra iluminada por las estrellas. Ya en Canadá,Gonzalo Celorio me envolvió con los sutiles matices que pintan la emoción de dejar un país y llegar a otro en las páginas de Tres Hermosas Cubanas[3] y la dictadura de Odría ha pintado tantos aspectos de mi propio México que a ratos me parece que Vargas Llosa dejó el Perú de su Conversación en la Catedral[4] para trasladarse a describir sucesos de mi patria… En fin, que ahora necesitamos poner manos a la obra. Quisiéramos escuchar sus propuestas, incluso recibir desde ya su primera donación. La tarea de administrar, preservar y hacer llegar sus textos a cuanta más gente sea posible es nuestra. [1] Adriana Malvido, Los Libros, La Vida, columna Cambio y Fuera, Periódico Milenio, México, 21 abril 2010 [2]Outwitting History: The Amazing Adventures of a Man who Rescued a Million Yiddish Books, por Aaron Lansky [3] En la biblioteca de Port Moody, 100 Newport Drive, (604) 469-4575 [4] Ídem Add Comment LA EDUCACIÓN, EN NUESTRAS NUEVAS FRONTERAS 04/11/2010
La educación ha sido una constante en las preocupaciones del quehacer humano. Nuestros pueblos indígenas, antes de la llegada de los españoles, preparaban a sus jóvenes en distintas instituciones: Los cuicacalli eran las casas que enseñaban la historia y memoria del pueblo y los antepasados que, a través de cantos e himnos, por repetición y ritmo quedaban grabados en la mente y el corazón de los alumnos. En sus instalaciones se cultivaban también las artes, la reflexión filosófica y en general todo aquello que hoy englobamos como las Humanidades. Los calmecac, por el contrario, eran centros que buscaban encontrar las constantes que rigen nuestro mundo a través del estudio de las ciencias: desde el movimiento cíclico de los astros hasta las maneras en que guardando el equilibrio con la naturaleza habrían de administrarse todos y cada uno de los recursos del pueblo. Aquí era educada la futura clase gobernante. Con la Conquista, la escuela se convirtió en la institución que alfabetizaba y preparaba a sus jóvenes, no solo en su formación humana, sino también en la religiosa. El modelo europeo del trivium y el cuadrivium que dividía en siete a las artes liberales: gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música, fue la base para este modelo de educación y, junto con la constante evangelizadora, conformó una estructura que funcionó por más de tres siglos. Los movimientos de Independencia y la Revolución Mexicana reformaron paulatinamente estos modelos, preocupaciones como la unidad y la identidad nacional cincelaron estas reformas y el combate al fanatismo religioso y la búsqueda de la igualdad dejaron también su impronta en la manera en que nos educamos. Sólo hasta mediados del siglo XX comenzó a delinearse la consigna de que la educación debe estar al alcance de todos, sin distinción de género o posición social. Sin desdén del modelo educativo que el Estado elige para educar a su población, la educación, finalmente, aspira a preparar al hombre para vivir en plenitud. Además de ser un instrumento que estructura la manera en que los bienes y valores que posee una sociedad se protegerán, conservarán y incrementarán, la educación fortalece nuestra identidad y nuestra conciencia respecto al lugar que ocupamos en el mundo, individual y colectivamente. Nuestras infinitas capacidades humanas y espirituales ensanchan su horizonte a través de la educación y por ella nos volvemos conscientes de nuestra dignidad como personas, toleramos y respetamos nuestras diferencias y configuramos nuestra libertad y nuestros valores a través de ella. En nuestra situación de inmigrantes y a pesar de que nuestros distintos procesos van encontrando un cauce que nos permite adaptarnos a nuestra nueva realidad, la educación en nuestro idioma siempre será una vuelta a nuestras raíces, una reflexión con respecto a lo adquirido en el pasado y nuestras propias condiciones del presente, una fuente de propuestas y diálogo con otros modelos de pensamiento que al final del día enriquecen nuestro bagaje, nos sitúa en el mundo y tras intensos debates en lo íntimo de nuestro ser, nos hacen más fuertes para enfrentar la adversidad y salir avante, fortalecidos. Es el deseo del área de Educación de Mexicanos en el Oeste de Canadá ofrecer una alternativa sólida, perdurable, de educación en idioma español, que fortalezca el espíritu y el pensamiento de la comunidad mexicana y en esta primera entrega, con la lectura de cada entrega, sea también remanso y refugio en la interminable aventura de vivir. |